
Camino por la Octava avenida, los grandes edificios, tan comunes en las sociedades donde la persona no vale y solo vale la opulencia y la grandiosidad, dan siempre una sombra fria, la briza es suave pero helada, paraciera que nunca ha dado el sol en estos lares, pienso, talvez cuando Manhattan Island era sólo un pueblucho de los muchos que existían en este país y sus habitantes querían librarse de sus colonizadores, (siempre es bueno librarse de los ingleses) camino mirando lo que más pueda, como un pueblerino, sin conocer nada, ni por fotografias ya que nunca se me hubiera ocurrido venir a este país antes de ahora, cruzo la 53 la 54 al llegar a la 55 y sin un rumbo fijo, antes de llegar a Broadway me encuentro con "The Nazi Soup" o la sopa del Nazi un restorante de sopas donde el dueno iraqui (no se que pasó con él después de las torres gemelas, tal vez está en Wantanamo aunque dicen que realmente el iraqui es italiano, no se), tiene las más extrañas normas para consimir sus preciadas sopas en el local, estas se dejan leer en la entrada: en ingles por su puesto:
1) Elegir la sopa.
2) Tener lista la plata.
3) Después de pedir la sopa, moverse a la izquierda.
4) Si se quiere pan, pedirlo con la sopa, no después.
5) La fila tiene que ser una sola.
6) No se puede hablar, ni besarse ni abrazarse en la fila.
El negocio se llama en realidad Soup Kitchen pero es conocida como El nazi de la sopa por un programa de televisión donde todos se enojaron con todos, sé todo esto porque en los días que estoy en esta Jungle, está el lanzamiento de las famosas sopas que ya no valen 30 dólares, como en el restorant y se pueden comprar por mucho menos en cualquier supermercado, en realidad no lo sé ya que no compré nunca, (ahora me arrepiento), tantas cosas que se saben al pasar por un lugar. En mi Chile torcido no conozco un lugar de buenas sopas, pero eso no importa.
Ese día caminé más de la cuenta, desde la gran manzana (incluyendo donde estuvieron la famosas torres) hasta el hotel, en total más de 60 cuadras... antes de llegar a la esquina, escuche una trompeta, sonaba mejor de lo que ya había escuchado nunca, seguí caminando mientras el sonido se hacía más fuerte, estaba a la vuelta, solo tenía que dar un paso y encontrarme a boca de jarro con Louis Armstrong tocando su famoso tema "Potato Head Blues", pero me encontre con el verdadero Nueva York, un negro que sonaba como los dioses, su trompeta sin brillo, trinaba y hacía rebotar las notas a todas direcciones, a su lado un bolso viejo y una frazada, al frente, el estuche casi en pedazos de su tropeta y en el interior algunos centavos que miré mientras el negro me seguía con su vista. No era Armstrong, sino un mendigo, un virtuoso profesional de la calle, un negro de la calle en medio de la ciudad mas rica del mundo. seguro no tenía ni siquiera para un sobre de la sopa del nazi.
Nota : Foto tomada por el autor de la nota.
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